De acuerdo a algunos antropólogos, hay evidencia que sugiere que desde hace siglos se vienen perfeccionando métodos abortivos tales como el uso de instrumentos afilados, la aplicación de presión abdominal o el consumo de hierbas que induzcan un aborto espontáneo.
Activistas denuncian que en América Latina la cifra de mujeres que recurren a hacerse un aborto de forma clandestina asciende a varios millones por año (se habla de entre 30.000 y 150.000 en Uruguay). Dentro de esta enorme cantidad, algunas mujeres lo pagan con dinero en una clínica mientras otras no tan pudientes lo pagan con su vida al introducirse ellas mismas elementos punzantes.
Varios estudios hablan del efecto que tiene la despenalización del aborto al bajar las tasas de criminalidad, la mortalidad de mujeres jóvenes e increiblemente la cantidad de abortos por año.
Hace poco fue encarcelada una joven de 19 años por practicarse un aborto clandestino. Ante un tema tan delicado, lo menos que puede hacer la sociedad con una mujer que llega a la dificil decisión de quitarse voluntariamente un embarazo es darle cierta comprensión y misericordia en lugar de mandarla presa, con lo que significa estar preso hoy, hacinada en un lugar inhumano por haber cometido el "error" de no querer cargar sola con algo que le cambia radicalmente la vida a cualquier mujer.